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updated 7:09 PM UTC, Apr 29, 2017
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La Escalera de Tlaxcala

  • Escrito por Xavier Quiñones
  • Publicado en BUSCAPIÉS
Foto: El Sol de Tlaxcala. Foto: El Sol de Tlaxcala.

Reírse de uno mismo, dicen los que saben algo de paradojas, es bueno para la salud interior y la exterior. Aligera y cura la risa –aún si de nosotros.

Y a la inversa: sal suele ser en las llagas de las almas. Como la de George, el monje ciego de El Nombre de la Rosa obcecado en esconder una apología aristotélica de la risa por considerar que es disolvente social y ofensiva a dios.

Así, algo de alivio y llaga hay en las reacciones que suscitó en redes sociales la inauguración, antier, de una tienda departamental con escalera eléctrica en Apizaco,  ciudad de menos de 60 mil habitantes con fama local de moderna.

“¡Histórico! Llega la primera escalera eléctrica a Tlaxcala”, títuló El Sol de México una nota de Moisés Morales del Razo, ex presidente de la Unión de Periodistas (UPET) que da cuenta además de la apertura el próximo 18 de abril de otra tienda del grupo Liverpool, en la capital. “Mientras eso sucede, este martes 4 de abril fue un día histórico porque en Tlaxcala ya tenemos escaleras eléctricas”, termina la nota. En la foto, el Gobernador y la Primera Dama del estado descienden la susodicha escalera, en compañía de directivos y con bolsas de la tienda en las manos.

Al parecer es la primera eléctrica en todo el estado de Tlaxcala. Esta verdad simple despertó algo en algunos que andan pidiendo la cabeza del vituperado Moi.

¿De veras significa gran cosa no haber tenido una escalera eléctrica? ¿O tenerla?

La noticia trajo a la memoria mi primera eléctrica. Una del Metro. Recuerdo que ante los escalones incesantes dudé un poco, tanteé y reculé, acobardado por la magia de lo impensable. Era 1970. Tras vencer el temor pude llegar con Alma y Pancho al andén. (No debería confesar que cuando vi venir el tren, me apresuré a hacer la parada… Que nadie se burle: el columnista venía del mar y una -entonces- remota ciudad del desierto. Apenas dos años atrás, gracias a las Olimpiadas, conocí la televisión. No avergüenza decir urbi et orbi que el imaginario adolescente se forjó escuchando radio.)

Debe ser por obsoleto que hallo cierto encanto en el modesto progreso. Bienvenida sea la escalera. No faltarán los que se sienten más modernos ahora, gracias a la bendita eléctrica de Fábricas de Francia. Ni a los que duele -por suponer que se han perdido de mucho- hasta ahora tener una.

No sé qué pensar. Hace unos minutos, mientras paseaba la jauría escuché el canto alebrestado de un gorrión libre. Más puro y real: una foto sin retoque, en comparación con las grabaciones de Internet. No tener gorriones sería de veras más grave de lo importante que es retar la gravedad a lomo de una fabulosa sierpe acerada... A mí, un tlaxcalteca de adopción forzada y placentera, lo que de veras me ofende y hasta indigna es ver morir al río Zahuapan de Miguel N., donde aún cantan a veces gorriones enamoradizos.

No una escalera eléctrica, de veras.

COHETERÍA

ZAHUAPANA Los Georges del progreso material debieran detenerse –¡pero los lemmings nunca paran a tiempo!- a pensar si su paradigma inercial vale algo en un planeta ya en ruinas. Nadie puede saberlo: tal vez los que deciden ya decidieron que no vale la pena salvar la Tierra y seguirán multiplicando los edificios y las escaleras de acero y concreto. Quizás, concluyeron muy en privado que la Especie está a salvo en sus propias familias de ellos y algunos miles de socios y sirvientes en alguna base extraterrestre, encerrados en una insípida esfera de cristal resistente a los meteoritos.

Modificado por última vez enLunes, 10 Abril 2017 13:03
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